Hace dos meses, recibimos una solicitud de ayuda de un hombre que había encontrado a un perro llorando en un arbusto. El pobre animal estaba en un estado desgarrador y sufría visiblemente. Su cuerpo estaba esquelético, apenas cubierto de piel. La piel de su abdomen se pegaba a los huesos, indicando cuánto tiempo había pasado desde su última comida. Tenía una grave infección por sarna que le había hecho perder todo el pelo, y su olor era nauseabundo.
Pero lo peor eran sus patas traseras, afectadas por una discapacidad que probablemente fuera el resultado de un terrible accidente. Aunque las heridas habían sanado, las secuelas eran evidentes. Había perdido por completo la cola y parte de una pata trasera estaba deformada. Las otras dos estaban rígidas y le impedían moverse con facilidad.
Lo llevé rápidamente a un hospital veterinario de renombre en la zona, donde comenzaron a tratarlo y a administrarle varios medicamentos. Se consideraba que la recuperación de sus patas sería extremadamente difícil debido a las graves lesiones en los tendones.
A pesar de todo, estábamos decididos a ayudarlo sin escatimar ningún esfuerzo. Y durante estos dos meses, su progreso diario ha sido un testimonio del poder transformador del amor. Aunque todavía no puede caminar, ha habido cambios asombrosos en sus patas. Ahora puede sentarse cómodamente y está empezando a recuperar la sensibilidad en sus extremidades.
Siento que no fuimos nosotros quienes lo salvamos, sino que él ha sido quien nos ha inspirado día tras día con su valentía y determinación. Agradezco a Dios por habernos permitido encontrarlo, un perro tan valiente y resiliente.
Estoy seguro de que algún día podrá ponerse de pie por sí mismo. Gracias por ver, por favor, denle me gusta y suscríbanse al canal si aprecian el trabajo que estamos haciendo.